Enfermedad X: el verdadero riesgo no es el patógeno. Es creer que estamos preparados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza el término Enfermedad X para referirse a un patógeno actualmente desconocido que podría causar una futura epidemia o pandemia. No se trata de una enfermedad concreta, sino del reconocimiento de una realidad científica: la próxima gran amenaza biológica podría provenir de un agente que todavía no conocemos.
La buena noticia es que hoy disponemos de herramientas que hace apenas unas décadas parecían ciencia ficción.
Contamos con plataformas de vacunas capaces de diseñar candidatos vacunales en tiempos muy reducidos. Disponemos de tecnologías de secuenciación genética de alta velocidad. Existen sistemas internacionales de vigilancia epidemiológica, redes de laboratorios, inteligencia artificial aplicada a la detección de brotes y capacidades de investigación sin precedentes. La propia OMS ha orientado gran parte de su estrategia hacia el desarrollo de respuestas rápidas frente a patógenos emergentes y frente a la propia Enfermedad X.
Por ello, el miedo no debería ser nuestra respuesta.
La preparación sí.
Sin embargo, existe un problema del que se habla mucho menos.
Un auténtico agujero negro en la preparación frente a amenazas biológicas.
El eslabón más débil sigue siendo el factor humano
Cuando surge una enfermedad emergente, la atención suele centrarse en las vacunas, los tratamientos o los diagnósticos.
Pero antes de que todo eso llegue, alguien tendrá que recibir al paciente.
Alguien tendrá que tomar una muestra.
Alguien tendrá que limpiar una habitación.
Alguien tendrá que transportar residuos.
Alguien tendrá que gestionar un laboratorio.
Alguien tendrá que decidir qué protección utilizar y cuándo utilizarla.
Y sobre todo, alguien tendrá que saber cómo exactamente trabajar y hacer todo eso con las herramientas que ofrece la bioseguridad.
Y ahí es donde muchas organizaciones siguen siendo vulnerables.
La realidad es que gran parte de los profesionales que podrían verse expuestos a un agente biológico peligroso nunca han recibido una formación especializada y continuada en bioseguridad profesional.
Prevención no es bioseguridad
Uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que la prevención de riesgos laborales, la medicina preventiva o el control de infecciones son equivalentes a la bioseguridad.
No lo son.
Comparten objetivos y colaboran entre sí, pero la bioseguridad constituye una disciplina especializada con conocimientos propios sobre evaluación del riesgo biológico, contención, biocustodia, equipos de protección, gestión de incidentes, descontaminación, transporte de muestras, diseño de instalaciones, procedimientos operativos y respuesta frente a patógenos de alta consecuencia.
La diferencia puede parecer teórica.
Hasta que aparece un agente desconocido.
Entonces deja de ser una cuestión académica para convertirse en una cuestión operativa.
La próxima fuga puede no venir del laboratorio
Cuando se habla de "fuga biológica", muchas personas piensan inmediatamente en instalaciones de alta contención.
Sin embargo, la experiencia demuestra que los incidentes más frecuentes suelen estar relacionados con errores humanos, fallos de procedimiento, formación insuficiente o una falsa percepción de seguridad.
No porque falte tecnología.
Sino porque faltará competencia operativa.
La pregunta que realmente importa
La OMS, los centros de investigación y la industria biomédica continúan trabajando para identificar amenazas futuras y acelerar el desarrollo de contramedidas médicas.
La cuestión es si nosotros estamos haciendo lo mismo con las personas.
Porque la bioseguridad no se aprende en una jornada de formación de dos horas.
No se domina leyendo un protocolo.
No se adquiere por haber trabajado durante años en un entorno sanitario.
La bioseguridad exige formación, entrenamiento, actualización continua y una actitud profesional basada en el aprendizaje permanente.
¿A qué grupo perteneces?
Existen dos tipos de profesionales.
Los que creen que ya lo saben todo.
Y los que entienden que cada nueva amenaza biológica obliga a seguir aprendiendo.
La historia de las enfermedades infecciosas demuestra que los patógenos evolucionan.
La pregunta es si nosotros evolucionamos con ellos.
En Scope Biosafety creemos que la mejor defensa frente a la próxima Enfermedad X no es el miedo.
Es la preparación.
Porque cuando aparezca el próximo patógeno desconocido, la diferencia entre una respuesta eficaz y un incidente evitable dependerá, sobre todo, de las personas que estén en primera línea.
Y esas personas merecen estar preparadas.