La próxima crisis biológica no preguntará si estás preparado. Las amenazas biológicas no esperan. Las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes forman parte de la historia de la humanidad. Sin embargo, en las últimas décadas hemos asistido a una sucesión de eventos que han puesto a prueba la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios, los laboratorios, las empresas y las administraciones públicas. COVID-19, Ébola, gripe aviar, viruela símica, hantavirus, resistencia a los antimicrobianos y otras amenazas biológicas han demostrado una realidad que ya no puede ignorarse: los riesgos biológicos seguirán existiendo y continuarán evolucionando.
La cuestión no es si aparecerá una nueva amenaza. La cuestión es cuándo. Y cuando ocurra, las organizaciones no serán evaluadas por sus intenciones, sino por su nivel real de preparación.
Cuando una crisis comienza, la preparación ya debería existir. Durante una emergencia biológica no hay tiempo para improvisar. No hay tiempo para desarrollar protocolos desde cero ni esperar a que nos digan cómo hacerlo.
No hay tiempo para formar a los profesionales. No hay tiempo para corregir años de carencias organizativas.
Las organizaciones que responden con eficacia ante una crisis suelen compartir una característica común: llevaban tiempo preparándose antes de que apareciera el problema, y se preparan correctamente. La preparación no empieza cuando se detecta un brote. La preparación comienza mucho antes, mediante la correcta formación, la evaluación de riesgos, los simulacros, la planificación y el fortalecimiento continuo de la bioseguridad.
Seamos serios, la bioseguridad es mucho más que equipos de protección. Con frecuencia, la bioseguridad se asocia únicamente al uso de mascarillas, guantes, cabinas de seguridad biológica o equipos de protección individual. Sin embargo, la verdadera bioseguridad va mucho más allá.
La bioseguridad consiste en identificar riesgos antes de que provoquen daños.
Consiste en proteger a las personas que trabajan con agentes biológicos o pueden estar expuestas a ellos.
Consiste en evitar errores que pueden comprometer la salud de profesionales, pacientes y comunidades.
Consiste en garantizar que una organización pueda seguir funcionando incluso en escenarios complejos.
La bioseguridad no es un producto. Es una forma de trabajar.
El coste de no estar preparado: Cuando una organización carece de una estrategia sólida de bioseguridad, las consecuencias pueden ir mucho más allá de un incidente aislado.
Los riesgos incluyen:
Exposición ocupacional de trabajadores.
Interrupción de actividades asistenciales o de laboratorio.
Pérdida de confianza por parte de usuarios y profesionales.
Impacto económico derivado de incidentes evitables.
Incremento del riesgo de transmisión de enfermedades.
Dificultades para responder de manera coordinada durante emergencias.
La experiencia demuestra que prevenir siempre resulta más eficaz y menos costoso que gestionar las consecuencias de una preparación insuficiente.
Las organizaciones más resilientes tienen algo en común. Los centros que mejor responden ante situaciones de riesgo biológico no son necesariamente los que disponen de mayores recursos. Tampoco son los que cuentan con más procedimientos escritos. Lo que realmente marca la diferencia es la existencia de una visión compartida de la seguridad.
La preparación no depende únicamente de la tecnología. Depende de las personas.
La confianza se construye antes de la crisis
Los pacientes confían en los profesionales que les atienden.
Los trabajadores confían en las medidas de protección de su organización.
La sociedad confía en que hospitales, laboratorios e instituciones puedan responder adecuadamente ante una amenaza biológica.
Pero la confianza no se genera durante una emergencia.
La confianza se construye previamente mediante liderazgo, formación, experiencia y una gestión eficaz del riesgo.
Cada simulacro realizado.
Cada profesional formado.
Cada procedimiento revisado.
Cada mejora implementada.
Representa una inversión en seguridad y confianza.
Prepararse hoy para proteger el hoy y el mañana. Sabemos que aparecerán nuevos desafíos biológico y que las organizaciones deberán estar preparadas para afrontarlos.
La preparación no elimina todos los riesgos, pero permite reducirlos al nivel más bajo, gestionarlos y responder de forma más eficaz cuando la situación lo exige.
La diferencia entre reaccionar y responder suele encontrarse en las decisiones que se tomaron mucho antes de que apareciera la crisis.
El compromiso de Scope Biosafety
En Scope Biosafety trabajamos para ayudar a organizaciones, profesionales e instituciones a fortalecer su capacidad de prevención y respuesta frente a los riesgos biológicos. Contribuimos a construir organizaciones más seguras, resilientes y preparadas para afrontar los desafíos del presente y del futuro.
Porque la bioseguridad no empieza cuando aparece una emergencia. Empieza mucho antes. ¿Y qué diferencia a las organizaciones que superan una crisis de aquellas que quedan paralizadas? Sabemos que las amenazas biológicas seguirán apareciendo. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre las organizaciones que resisten una crisis y las que quedan paralizadas por ella.
Esa diferencia tiene nombre: CULTURA DE BIOSEGURIDAD
Pero, ¿qué significa realmente desarrollar una cultura de bioseguridad y por qué algunas organizaciones fracasan incluso teniendo protocolos y entrenando?
Lo analizamos en nuestro próximo artículo.
👉 Descubrir qué es una cultura de bioseguridad