En primer lugar, el IRTA - CResa es un laboratorio de alta bioseguridad reconocido por sus grandes instalaciones y especialización en sanidad animal. Una fuga de bioseguridad de un centro así sería muy rara e improbable.   


Este centro y cualquier centro sanitario debe estar al corriente de que una fuga de bioseguridad puede ocurrir. Sin embargo, es sobre todo en las instalaciones que no están bien preparadas, que no son de bioseguridad, o en las que el personal no está bien formado para manejar el riesgo biológico, de cualquier nivel, donde una fuga de bioseguridad puede suceder con mayor probabilidad.


Aunque se asegura que no se ha producido ninguna fuga de bioseguridad en el IRTA - CResa por el virus de la peste porcina, esta noticia deja evidente la importancia de que una sociedad esté correctamente preparada frente al riesgo biológico y su posible propagación.

En segundo lugar, sacrificar a todos los animales simplemente porque se sospeche de un riesgo biológico o un problema relacionado y asumir que esa es la solución correcta no parece lo más acertado. El virus, el patógeno, está vivo, activo, en el medio ambiente y en sus vectores. Y seguirá ahí, mucho más debido al enorme movimiento, transporte, y migraciones, de humanos y animales en este siglo XXI. 


La solución adecuada es la preparación correcta y especializada de forma organizada frente al riesgo biológico de todos aquellas instalaciones, organismos y profesionales que trabajen con ello. Esto es lo que puede controlar parcialmente los eventos biológicos en la naturaleza, y en gran medida aquellos debidos a errores de la actividad humana. Algunos ya lo están haciendo, se están preparando; otros esperamos que se unan.